Triunfar = Favor de Dios + Esfuerzo Propio
Por Edgar Chan · Enero 28, 2021
Antes de empezar mis estudios en teología, después de ver los precios de las universidades y revisar mis ahorros, llegué a la conclusión de que necesitaba algo más que esfuerzo propio para lograrlo.
La Inocencia de Planear
Todos esperamos que nuestros planes y proyectos se logren. El lema del mundo actual es que todo tiene una receta, una lista de pasos que puedes seguir si quieres alcanzar una meta. Es la sensación o la creencia que puedes tener control sobre tu vida.
Daniel Kahneman (ganador del Premio Nobel) explica que aunque se tiene la idea que para triunfar solo necesitas talento, en realidad hay un factor exterior que juega gran parte en lograr tus metas: la suerte. Él propone esta fórmula:
Triunfo = Talento + Suerte
Ahora bien, aunque él es un autor secular, el principio tiene fundamentos en el texto bíblico. Eclesiastés lo pone así:
"He visto además bajo el sol que los veloces no ganan siempre la carrera, ni los valientes la guerra, ni los sabios tienen sustento, ni los inteligentes riqueza, ni los instruidos estima, pues en todo interviene el tiempo y el azar."
La idea errónea es que nos sentimos dueños de nuestros propios destinos, pero en realidad no puedes controlar lo que pasará mañana. COVID-19 volteo al mundo de cabeza y muchas personas perdieron su trabajo. Aunque es una verdad difícil: no puedes controlar el futuro.
El Favor de Dios
Esta verdad puede ser tomada de dos formas: deprimirte por la fragilidad de tu vida, o dejar ir la idea falsa de control y dejar tu situación en manos de Dios. Esto, por contradictorio que parezca, te libera de preocupaciones.
No se trata de hacer un pacto con Dios para que te prospere. La verdad es que no puedes controlar a Dios, pero sí puedes confiar en Él, porque más de las veces sus planes son mejores que los nuestros.
"El ser humano proyecta su camino, pero es el Señor quien dirige sus pasos." — Proverbios 16:9
Solo Confiar
La fórmula actualizada desde la fe sería: Triunfo = Esfuerzo + Favor de Dios. Esto no es excusa para no trabajar ni prepararse. Pero sí es una invitación a trabajar con excelencia y al mismo tiempo confiar en que Dios puede hacer más con tu esfuerzo de lo que tú podrías imaginar.
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